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	<title>Mónica Cavallé</title>
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		<title>FILOSOFÍA EXPERIENCIAL</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 12:46:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mcavalle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía sapiencial]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Desde nuestra perspectiva contemporánea, y debido al concepto de filosofía que ha llegado hasta nosotros, con frecuencia pasamos por alto que los principales filósofos de la Antigüedad no eran profesores de filosofía ni profesionales del pensamiento. Las enseñanzas de Heráclito, Parménides, Pitágoras, Platón o Sócrates, las de los pensadores estoicos, cínicos, epicúreos, escépticos, neoplatónicos, etc., [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">&#8220;<img class="alignleft size-medium wp-image-903" title="Villa San Michele (2)" src="http://www.monicacavalle.com/wp-content/subidas/2011/12/Villa-San-Michele-2-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" />Desde nuestra perspectiva contemporánea, y debido al concepto de filosofía que ha llegado hasta nosotros, con frecuencia pasamos por alto que los principales filósofos de la Antigüedad no eran profesores de filosofía ni profesionales del pensamiento. Las enseñanzas de Heráclito, Parménides, Pitágoras, Platón o Sócrates, las de los pensadores estoicos, cínicos, epicúreos, escépticos, neoplatónicos, etc., no eran meras teorías especulativas sobre la naturaleza última de la realidad; eran, indisociablemente, prácticas orientadas a la realización operativa de las posibilidades latentes en la estructura profunda de todo ser humano, caminos de plenitud y de liberación interior. Los filósofos de la Antigüedad señalados no se limitaban a elaborar y postular sistemas teóricos, sino que, ante todo, encarnaban en ellos mismos todo un modelo de vida e invitaban a los aspirantes a filósofos, a los amantes de la sabiduría, a adentrarse en una iniciación vital tras la cual no serían los mismos ni verían el mundo del mismo modo. Entendían que solo podía penetrar bajo la superficie de las cosas y vislumbrar las claves de la existencia quien había accedido a cierto estado de ser, quien se desenvolvía en un determinado nivel de conciencia. No se consideraba genuino filósofo aquel que se dedicaba a elucubrar teorías o hipótesis más o menos plausibles en torno a las cuestiones últimas, careciendo de un compromiso activo con su propia transformación. Eran la autenticidad y hondura del ser del filósofo las que garantizaban la profundidad de su visión&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">(Mónica Cavallé: <em>de la presente Web</em>)</p>
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		<title>Filosofía a través del diálogo</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 22:19:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mcavalle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Práctica filosófica]]></category>

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		<description><![CDATA[      “—¡No se moleste en hablarle! —dijo una libélula posada en la punta de una espadaña—. Se ha ido. —Bueno, ¡ella se lo pierde y no yo! No voy a dejar de hablarle, sólo porque no me escuche. Me gusta oírme hablar. Es uno de mis mayores placeres. Sostengo a menudo largas conversaciones conmigo mismo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>   <a href="http://www.monicacavalle.com/wp-content/uploads/2011/11/Tu-camino-es-el-mío.-Carmen-Redondo2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-805" title="Tu camino es el mío. Carmen Redondo" src="http://www.monicacavalle.com/wp-content/uploads/2011/11/Tu-camino-es-el-mío.-Carmen-Redondo2-251x300.jpg" alt="" width="251" height="300" /></a> </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> “—¡No se moleste en hablarle! —dijo una libélula posada en la punta de una espadaña—. Se ha ido.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>—Bueno, ¡ella se lo pierde y no yo! No voy a dejar de hablarle, sólo porque no me escuche. Me gusta oírme hablar. Es uno de mis mayores placeres. Sostengo a menudo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan profundo, que a veces no comprendo ni una palabra de lo que digo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>—Entonces debe de ser licenciado en Filosofía —dijo la libélula”. </em>(Oscar Wilde: <em>El cohete famoso</em>) </p>
<p style="text-align: justify;">La práctica de la filosofía poseía, en buena parte del mundo antiguo, un carácter eminentemente dialógico: el diálogo era el método de filosofar por excelencia. No era una actividad que el filósofo llevara sistemáticamente a cabo en un estado de aislamiento, por más que la imagen convencional del filósofo nos sugiera hoy en día exactamente lo contrario. Según el filósofo asesor Peter Raabe, este retraimiento del filósofo es “un fenómeno relativamente reciente y cabe encontrarlo predominantemente en la filosofía académica, donde las ideas son cuidadosamente guardadas y protegidas de la competencia. Recordemos que Sócrates y los numerosos filósofos que lo emularon no avanzaban simplemente por su camino en orden a alumbrar sus propios pensamientos. Practicaban la filosofía cooperativamente entre grupos de individuos interesados. Los primeros filósofos creían que el mejor modo de probar la verdad de sus ideas era compartirlas, y que la mejor manera de desarrollar el propio pensamiento era escuchar cuidadosamente los pensamientos de los demás”.</p>
<p style="text-align: justify;">Este carácter dialógico presente en buena parte de la filosofía antigua permitía que la reflexión se ajustara a las peculiaridades de los individuos y a su vida cotidiana. Las palabras de los filósofos cobraban todo su sentido en el contexto de un momento particular, de una determinada situación de vida, y con relación al estado mental y anímico de su interlocutor. A su vez, el filósofo no transmitía su enseñanza sólo a través de su palabra, sino, sobre todo, de sus actitudes y de su estilo de vida. La filosofía no era, por tanto, una actividad especulativa descarnada —por más que el hecho de que la conozcamos a través de textos escritos, con frecuencia nos oculte esta realidad—. Prueba de ello es que algunos filósofos de la Antiguedad (como Sócrates o Epicteto) ni siquiera produjeron una obra escrita.</p>
<p style="text-align: justify;">Con el fin de encarnar la propia filosofía, de vivir aquello que pensaban, en el ámbito de escuelas de filosofía como las pitagóricas, helenísticas o  neoplatónicas, se llevaban a cabo, además, ciertos “ejercicios&#8221; filosóficos, a los que un filósofo contemporáneo, Michel Foucault, ha denominado “tecnologías del yo”. Designa con esta expresión “aquellas técnicas que permiten a los individuos efectuar un cierto número de operaciones en sus propios cuerpos, en sus almas, en sus pensamientos y en sus conductas, y ello de un modo tal que los transforme a sí mismos, que los modifique, con el fin de alcanzar un cierto estado de ser, de plenitud, de felicidad”. Estas “tecnologías del yo” orientadas al &#8220;cuidado de sí mismo&#8221; (<em>epimelesthai sautou</em>), al igual que el diálogo entendido como método de indagación y de transmisión filosófica, también han sido centrales en las principales filosofías sapienciales de Oriente.</p>
<p style="text-align: justify;">La Práctica filosófica se inspira en este modo operativo y dialógico de hacer filosofía, que posibilita su integración en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Tanto en su vida personal como en su actividad de orientación, los filósofos asesores enfatizan la importancia de los ejercicios filosóficos así como del diálogo creativo entre afines en el que tanto el filósofo como sus interlocutores se transforman por igual, y cuya finalidad no es alumbrar verdades teóricas ni ajustar nuestra vida a las teorías —lo que sería una forma de enajenación—, sino ayudarnos a ser seres humanos veraces, verdaderos con respecto a nosotros mismos.</p>
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		<title>La filosofía de la vida</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 13:17:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mcavalle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Práctica filosófica]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;El aprendizaje de la vida debe dar a la vez la conciencia de que la ‘vida verdadera’, para adoptar la expresión de Rimbaud, no se halla tanto en las necesidades utilitarias de las cuales nadie puede escapar, sino en el cumplimiento de uno mismo y la calidad poética de la existencia, que vivir requiere de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-713" title="Revelación. Carmen Redondo" src="http://www.monicacavalle.com/wp-content/uploads/2011/10/Revelación.-Carmen-Redondo-208x300.jpg" alt="" width="208" height="300" />&#8220;El aprendizaje de la vida debe dar a la vez la conciencia de que la ‘vida verdadera’, para adoptar la expresión de Rimbaud, no se halla tanto en las necesidades utilitarias de las cuales nadie puede escapar, sino en el cumplimiento de uno mismo y la calidad poética de la existencia, que vivir requiere de cada uno a la vez lucidez y comprensión, y de manera general la movilización de todas las aptitudes humanas. La enseñanza de la filosofía podría revitalizarse para el aprendizaje de la vida. Podría entonces proporcionar como viático para el camino los productos más preciosos de la cultura europea: la racionalidad crítica y autocrítica, que precisamente permite auto-observarse y facilita la lucidez (…). De este modo, la filosofía recobraría grande y profunda su misión al contribuir a la conciencia de la condición humana y del aprendizaje de la vida. Como ya lo indican los gabinetes de filosofía, la filosofía toca a la existencia de todo el mundo y a la vida cotidiana. La filosofía no es una disciplina, es una potencia de interrogación y de reflexión que no sólo versa sobre los conocimientos y la condición humana, sino también sobre los grandes problemas de la vida. En este sentido, el filósofo debería estimular en todas partes la aptitud crítica y autocrítica, fermentos irremplazables de la lucidez, y animar por doquier a la comprensión humana, tarea fundamental de la cultura”. (Edgard Morin: <em>La mente bien ordenada</em>)</p>
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		<title>SOMOS EL INGREDIENTE QUE FALTA</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Sep 2011 10:51:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mcavalle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía sapiencial]]></category>

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		<description><![CDATA[“No se nos ha dicho que, en las mismas raíces de la civilización occidental, reside una tradición espiritual. Hay que pagar un precio para entrar en contacto con esta tradición. Siempre hay que pagar un precio y, precisamente porque nadie ha querido pagarlo, las cosas están como están. El precio no ha cambiado: somos nosotros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.monicacavalle.com/wp-content/uploads/2011/09/Villa-San-Michele-21.jpg"></a>“No se nos ha dicho que, en las mismas raíces de la civilización occidental, reside una tradición espiritual.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay que pagar un precio para entrar en contacto con esta tradición. Siempre hay que pagar un precio y, precisamente porque nadie ha querido pagarlo, las cosas están como están. El precio no ha cambiado: somos nosotros mismos, nuestra voluntad de ser transformados. Sólo sirve eso, no puede ser menos.</p>
<p style="text-align: justify;">No podemos apartarnos y mirar. No podemos distanciarnos porque precisamente nosotros somos el ingrediente que falta. Sin nosotros, las palabras sólo son palabras. Y esta tradición no existió para edificar o entretener, ni siquiera para inspirar; existió para devolver al hombre a sus raíces.</p>
<p style="text-align: justify;">[…] A muchos nos preocupa la extinción de todas las especies que el mundo occidental está exterminando. Pero casi nadie se da cuenta de lo más extraordinario de todo: de la extinción de nuestro conocimiento de lo que somos”. (Peter Kinsley: <em>En los oscuros lugares del saber</em>)</p>
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