MÓNICA CAVALLÉ | Filosofía a través del diálogo
749
single,single-post,postid-749,single-format-standard,ajax_updown_fade,page_not_loaded,

Filosofía a través del diálogo

Filosofía a través del diálogo

Publicado por mcavalle en Práctica filosófica 26 nov 2011

    

 “—¡No se moleste en hablarle! —dijo una libélula posada en la punta de una espadaña—. Se ha ido.

—Bueno, ¡ella se lo pierde y no yo! No voy a dejar de hablarle, sólo porque no me escuche. Me gusta oírme hablar. Es uno de mis mayores placeres. Sostengo a menudo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan profundo, que a veces no comprendo ni una palabra de lo que digo.

—Entonces debe de ser licenciado en Filosofía —dijo la libélula”. (Oscar Wilde: El cohete famoso

La práctica de la filosofía poseía, en buena parte del mundo antiguo, un carácter eminentemente dialógico: el diálogo era el método de filosofar por excelencia. No era una actividad que el filósofo llevara sistemáticamente a cabo en un estado de aislamiento, por más que la imagen convencional del filósofo nos sugiera hoy en día exactamente lo contrario. Según el filósofo asesor Peter Raabe, este retraimiento del filósofo es “un fenómeno relativamente reciente y cabe encontrarlo predominantemente en la filosofía académica, donde las ideas son cuidadosamente guardadas y protegidas de la competencia. Recordemos que Sócrates y los numerosos filósofos que lo emularon no avanzaban simplemente por su camino en orden a alumbrar sus propios pensamientos. Practicaban la filosofía cooperativamente entre grupos de individuos interesados. Los primeros filósofos creían que el mejor modo de probar la verdad de sus ideas era compartirlas, y que la mejor manera de desarrollar el propio pensamiento era escuchar cuidadosamente los pensamientos de los demás”.

Este carácter dialógico presente en buena parte de la filosofía antigua permitía que la reflexión se ajustara a las peculiaridades de los individuos y a su vida cotidiana. Las palabras de los filósofos cobraban todo su sentido en el contexto de un momento particular, de una determinada situación de vida, y con relación al estado mental y anímico de su interlocutor. A su vez, el filósofo no transmitía su enseñanza sólo a través de su palabra, sino, sobre todo, de sus actitudes y de su estilo de vida. La filosofía no era, por tanto, una actividad especulativa descarnada —por más que el hecho de que la conozcamos a través de textos escritos, con frecuencia nos oculte esta realidad—. Prueba de ello es que algunos filósofos de la Antiguedad (como Sócrates o Epicteto) ni siquiera produjeron una obra escrita.

Con el fin de encarnar la propia filosofía, de vivir aquello que pensaban, en el ámbito de escuelas de filosofía como las pitagóricas, helenísticas o  neoplatónicas, se llevaban a cabo, además, ciertos “ejercicios” filosóficos, a los que un filósofo contemporáneo, Michel Foucault, ha denominado “tecnologías del yo”. Designa con esta expresión “aquellas técnicas que permiten a los individuos efectuar un cierto número de operaciones en sus propios cuerpos, en sus almas, en sus pensamientos y en sus conductas, y ello de un modo tal que los transforme a sí mismos, que los modifique, con el fin de alcanzar un cierto estado de ser, de plenitud, de felicidad”. Estas “tecnologías del yo” orientadas al “cuidado de sí mismo” (epimelesthai sautou), al igual que el diálogo entendido como método de indagación y de transmisión filosófica, también han sido centrales en las principales filosofías sapienciales de Oriente.

La Práctica filosófica se inspira en este modo operativo y dialógico de hacer filosofía, que posibilita su integración en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Tanto en su vida personal como en su actividad de orientación, los filósofos asesores enfatizan la importancia de los ejercicios filosóficos así como del diálogo creativo entre afines en el que tanto el filósofo como sus interlocutores se transforman por igual, y cuya finalidad no es alumbrar verdades teóricas ni ajustar nuestra vida a las teorías —lo que sería una forma de enajenación—, sino ayudarnos a ser seres humanos veraces, verdaderos con respecto a nosotros mismos.

Lo siento, los comentarios están cerrados.