PRÁCTICA FILOSÓFICA

“Y mientras me quede aliento y fuerza, no cesaré de buscar la verdad, de amonestaros y de adoctrinar a quienquiera de vosotros que me encuentre al paso, diciéndole a mi manera: ‘Cómo tú, mi estimadísimo, ciudadano del más grande y culto de los Estados, cómo no te avergüenzas de ocuparte con afán de llenar lo más posible tu bolsa, y de procurarte fama y honor y, en cambio, de la sabiduría y la verdad y de la mejora de tu alma nada se te da’ ”. (Sócrates: Apología)


 La filosofía no es un arte popular ni una  ciencia de exhibición. Su contenido y substrato está en las acciones, no en las palabras. Su cometido, polo opuesto del ayudar a pasar agradablemente los días y curar el fastidio de la ociosidad, es el de ser educadora de los espíritus, criterio de la voluntad, espejo de las acciones, enseñanza del ser humano en lo que debe hacer o rechazar, piloto y guía de sí mismo para sortear los escollos de la navegación por los mares de la vida. Sin filosofía no existe seguridad alguna. Y para cuantos contratiempos reclaman consejos y madurez de juicios, la filosofía es quien puede proporcionarlos”. (Séneca: Cartas a Lucilio. De la utilidad de la filosofía)